Sábado, 10 de Diciembre del 2016


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HÉCTOR VELARDE

Publicado el 13/05/15

Hijo del diplomático Hernán Velarde Diez Canseco, el connotado arquitecto y escritor peruano Héctor Velarde nació en Lima el 14 de mayo de 1898.

Realizó sus estudios escolares en Petrópolis, Brasil. En Francia estudis arquitectura en la escuela de École des Travaux Publics y luego en École Lemania en Lausana, Suiza.

En 1921 viajó a Buenos Aires, Argentina, lugar que le resulta propicio para el desarrollo de sus inquietudes intelectuales, contactándose con ilustres personajes como Florencio Escardó y Adolfo Bioy Casares.

En 1924 se traslada a Estados Unidos, cumpliendo servicio diplomático, toma contacto con la arquitectura que en ese momento se desarrollaba en el país del norte. Al año siguiente participa en el Congreso de City Planning y en la Conferencia Panamericana. Este desempeño alejado del Perú no es, sin embargo, causa de un distanciamiento del país. Dos años después se inscribe como miembro de la Sociedad de Ingenieros del Perú.

De regreso al Perú se dedica al ejercicio de la arquitectura, el magisterio en la universidad (Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad Nacional de Ingeniería) y a la escritura de cuentos, ensayos y artículos.

A fin de ofrecerle a los estudiantes medios más adecuados para su formación, publica una serie de textos relacionados a los cursos que enseñaba como Nociones y elementos de Arquitectura (imprenta de la Escuela de Oficiales, Lima, 1933), La Arquitectura en Veinte Lecciones (Buenos Aires, 1937), y Geometría Descriptiva (Ed. Lumen, S.A. Lima, 1949).

También ha publicado diversos libros de difusión sobre arte y arquitectura, y temas de actualidad. Su libro Arquitectura Peruana es un referente obligado para cualquier interesado en la historia del arte en el Perú

Obras literarias

• Arquitectura Peruana

• Dos aspectos originales de la arquitectura del Peru

• Nuestra arquitectura

• Materialismo histérico y otros apuntes contemporáneos

• Lima en picada

• Lima, techo y lluvia.

Obras arquitectónicas

• Hotel Maury

• Banco Continental

• Nunciatura Apostólica de Lima

• Club Regatas de Chorrillos

• Monasterio y Santuario de Las Nazarenas

LA BOMBA J

 

¡¡¡Pum, pummm, pummmmm!!!
Y no quedó nada sobre la tierra. Si. Quedó el Doctor don Ismael Lanatta y Perales. Quedó en su cuarto del Jirón Camaná, solito, aterrado. Miró por la ventana de reja, miró por la puerta de calle, miró por la ventanita del baño; no vio sino suelo lívido de luna por todas partes, un disco de diámetro infinito, cuyos bordes se confundían con un cielo chato, bajo, inmensa capa de cacerola color violeta y con olor a agua oxigenada. ¡¡La bomba J!!
Todo había desaparecido.
Don Ismael sintió un friecito extraño que le entraba por una manga, cerró bien la puerta, las ventanas, los caños del lavatorio, la terma, los cajones y se metió a la cama.
– Caray. ¿Y ahora qué hago?, pensó, estoy solo en el mundo, que bomba tan rara, he escapado de milagro, mis cosas también han escapado de milagro, no se ha roto ni el florerito que me regaló Virginia que curioso, una falla de la bomba.
Don Ismael principió a hablar en alta voz como para acompañarse.
– Yo he sido todo lo que un señor bien puede ser en Lima: diplomático, hacendado, doctor en jurisprudencia, escritor de nota, profesor, político, abogado conocido, gran jugador de bridge y aficionado al arte, viudo de Doña Josefina de Balboa, de las mejores familias de Trujillo, querido y respetado por todos, luego no dejaba de tener mis coqueterías… ¿Quien cocinaba un pato con arroz como yo?
Esto lo dijo ya gritando.
Don Ismael se asustó con su propia voz, se levantó de la cama, rezó un Padre Nuestro bien bajito, se miró al espejo, tomó lápiz y papel y escribió.

“Lima, 26 de Mayo de 1960, año de Fátima a las 3 y 45 p.m.

La providencia no me ha dejado aquí sano y salvo sobre la calva de la tierra única y exclusivamente por mi linda cara. Yo debo tener una misión, si, una misión extraordinaria, fantástica. Fecundar nuevamente la humanidad! PROLONGARLA. Pero ¿cómo? No es cuestión de mujer. No hay nadie. No me queda sino ilustrar a la humanidad futura. Dejo pues los nombres y las explicaciones de todo lo que me rodea, de todo lo que tengo en mi cuarto, para que si alguien aparece de nuevo sobre el planeta sepa lo que han hecho los hombres desde Adán – por lo menos en la parte doméstica- y pueda conocer la elaboración y el funcionamiento de sus maravillosos inventos logrados en el transcurso de miles de años y con los mayores sufrimientos… Yo me voy a morir porque sólo tengo un poquito de agua y unas galletitas de Arturo Field que compré en la esquina, dejaré el nombre de cada cosa en un papelito prendido sobre la cosa respectiva y, en un cuaderno la explicación detallada de cosa por cosa.

Don Ismael puso un cartelito con la palabra “zapato” en el par de zapatos que tenía debajo de la cama, “ropero” en el ropero, “radio” en la radio, “jabón” en el jabón. “Virgen” en un cuadrito de la pared, “luz eléctrica” en la bombita del cuarto. “Bacinica” en el vaso de noche, “Código Civil” en un libro, “tela” en su abrigo, “agua de colonia” en un pomito, etc., etc. Luego pegó en la tapa de un cuaderno de contabilidad un título con grandes letras que decía:

“Función, componentes y fabricación de todas las cosas que existen en este cuarto”.
Con las indicaciones más completas y minuciosas estaba todo lo que Don Ismael consideraba de mayor importancia para las civilizaciones futuras. Las indicaciones las subrayaba con lápiz rojo. Entre muchas cosas figuraban las siguientes por orden alfabético:

“Agua.-HO2 (sic) (Ver botella).
Bicarbonato.- Polvito para eructar.
Botella.- Vidrio. Fabricación: se sopla.
Brocha.- Para afeitarse; quitarse los pelos de la barba. Fabricación: con otros pelos.
Cama.- Catre: para acostarse. Fabricación: fierrofundido en tubos y perillas (“lit” en francés, “bed” en inglés, y “letto” en italiano. Han habido también otras lenguas).
Cuadrito.- Para adornar: buque en alta mar. Fabricación: pintura abstracta.
Chaleco.- Prenda de vestir que va desapareciendo. (Ver terno).
Dentadura.- Para mascar sin dientes. Fabricación: hueso.
Electricidad.- Corriente misteriosa. Fabricación EE.AA.
Espejo.- Vidrio para mirarse. Fabricación: azogue por atrás.
Foco.- Bombita (ver electricidad).
Gas.- Fluido. Fabricación: harina, masa y Tomasa.
Hojita de afeitar.- (Ver brocha).
Jabón.- Para lavarse. Fabricación: hervido de basura con potasa y sebo.
Lana.- Terno. Fabricación: pelos de carnero.
Pared.- Quincha. Fabricación: caña, barro y guano.
Peine.- Para adornarse la cabeza. Fabricación: cuerno.
Papel.- Para escribir. Fabricación: sopa prensada de suciedades.
Radio.- Aparato para oir de lejos y por el aire. Fabricación: onda, antena y estática.
Retrato.- Mi tía Amelia: recuerdo. Fabricación: fotografía en colores. Sale igualito.
Tirantes.- Sostén de pantalones. Fabricación: con caucho del Putumayo.
Water Closet.- Palabra inglesa para disimular el objeto. Fabricación: polvito de porcelana.
Zapato.- Cuero. Fabricación: pellejo.
“Aviso personal para quien encuentre mi cuarto. Nunca creí saber tan poco sobre lo que he tenido cerca toda mi vida. Soy una ostra en este universo vacío y no conozco ni mi propia y única conchita. Y pensar que he representado muchas veces a mi país en el extranjero! Hasta tengo una condecoración javanesa. Ay, si yo fuera un ingeniero industrial sabría explicar con pelos y señales cómo y porqué hierve el agua de la tetera, pero no sabría, eso si, como lo sé yo gracias a mis estudios filosóficos, lo que es la palabra, el Verbo, lo que nos ha comunicado Dios para que pueda Ud. comprender el miedo que tengo. “He dejado un resumen sobre esto punto en el cajón de la mesita de noche”.
Firmado: ISMAEL LANATTA Y PERALES.

Don Ismael no sabía nada de lo suyo sino que estaba perdido. Lo demás había desaparecido para siempre…
– Ah, si tuviera a la mano mi diccionario, mi Petit Larousse, mi tesis universitaria, mis discursos sobre el comunismo y el derecho internacional!, exclamaba Don Ismael a cada momento. Pero el Petit Larousse se había quedado en la oficina y su tesis se titulaba: “Obligaciones legales para con los animales domésticos”. No había ni un gato y Rusia no existía…
No quedaba afuera sino la costa desierta de la tierra cubierta por una sola nube de humo violeta.
A los veinticinco días del bombazo Don Ismael se quedó muerto en su cama con una galleta en la mano y rodeado de cartelitos. En el pecho se había colocado un último letrero que decía:

“Propietario.- El dueño del cuarto, 50 años, abogado, limeño. Fabricación: hijo único”.

***
Hector Velarde
La perra en el satélite
Librería – Editorial Juan Mejía Baca
Diciembre, 1958