Jueves, 24 de Mayo del 2018
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Para reflexionar-Yo probé fármacos en animales y estas son 5 horribles cosas que aprendí

Publicado el 26/02/15

*Este artículo está escrito en primera persona basado en la experiencia de un hombre que trabajó gran parte de su vida en laboratorios, pero de quién no se reveló el nombre.

Sabemos que lo que ocurre con los animales de laboratorio es terrible. Probablemente estés en contra de estos experimentos, busques alternativas de productos que no prueben sus ingredientes en animales y apoyes las campañas animalistas en contra de esta práctica. Pero después de leer este artículo, quizás descubras muchas más cosas de las que creías saber.

1. Los laboratorios matan más animales de los que puedes imaginar

Trabajar en un laboratorio con animales significa que a veces deberás decapitar a un adorable ratoncito con una pequeña guillotina. Los animales de laboratorio mueren, en cantidades gigantes. Cientos de ellos. Por día. Por laboratorio. Realizar eutanasias a los animales era una parte importante de mi trabajo.

A menudo los laboratorios no usan los químicos confiables y costosos que utilizan los veterinarios para “dormir” a las mascotas, esto debido a que esos químicos pueden afectar los resultados de laboratorio postmortem. Así que para dejar a los animales en muestras analizables, un método usado en los ratones es la espeluznante “dislocación cervical” –en otras palabras les rompen el cuello, y cuando son muy jóvenes incluso los cortan con tijeras o guillotinas–, otro método es la sofocación con dióxido de carbono.

Un punto importante es que los laboratorios no reportan cuántos animales matan, así que no hay números precisos disponibles. Pero basándome en el número de ratones que yo mataba a diario (entre 150 a 200), y el número de laboratorios comparables en el país, estimo que sólo los laboratorios de Estados Unidos matan a más de 16 millones de ratones por año (la Sociedad Humanitaria estima que son 25 millones). Para que te hagas una idea, eso equivale a 40 canchas de fútbol repletas de cuerpos de ratones muertos… o los suficientes para disminuir el índice de felicidad global, si prefieres verlo así.

Así que, ¿Por qué hacemos esto? Los animales son “sacrificados” por todo tipo de razones: porque tienen el sexo equivocado, son muchos, o no tienen el genoma correcto. Los animales cuya tarjeta de identificación ha sido extraviada o dañada se vuelven inútiles para la investigación porque no pueden ser identificados. ¿El resultado? Son sacrificados. Los animales que han sobrevivido a experimentos no pueden ser utilizados en otros. Estos también son sacrificados. Los animales que evidencian señales de estrés pueden ser sacrificados “para librarlos de su miseria”. Si no es financieramente viable el tratar a un animal que se enferma entonces es su turno de dejar este mundo.

Y sí, a veces la muerte de los animales llega por razones realmente estúpidas. Una vez, uno de mis laboratorios pidió conejos hembras adultas y tuvieron la sorpresa de que una de ellas había tenido crías mientras eran trasladadas. El investigador no tenía ningún uso para ellos (y no había pedido permiso para tener conejos extras), y el criador no podía llevárselos de vuelta porque habían sido expuestos a los patógenos. Así que el veterinario de turno tuvo que darles la eutanasia. Lloró mientras lo hacía. Todos en esa habitación lloraron.

Podrías estar preguntándote, “¿Por qué no dar en adopción a los que estuvieran sanos?”. Bueno, muchos de ellos pertenecen al derecho de autor del laboratorio que los crió, y los investigadores firman acuerdos comprometiéndose a no dejar que ninguno de ellos salga de su control.

2.Debemos herir de forma horrible a los animales para aprender a tratar a las personas

¿Quieres ayudar a las víctimas de quemaduras? Primero debes crear víctimas de quemaduras. Haces esto quemando cerdos (comúnmente usados para investigaciones de tejidos) con una barra de acero. Frecuentemente, los titulares se refieren a los grandes logros que los científicos alcanzan en el tratamiento del daño cerebral, cáncer, o lo que sea, probando con ratones y ratas. Pero los lectores nunca parecen preguntarse dónde consiguen los científicos, digamos, ratones obesos con problemas al corazón. ¿Van en búsquedas de buffet de ratones en la oscuridad? Pues claramente no. Cualquier problema siendo investigado por los científicos ha sido inducido intencionalmente en animales. Para poder curarlos tienes que enfermarlos. Y desafortunadamente esto no ocurre de forma paulatina con el paso de los años comiendo muchos dulces y pizza…

Muchas variedades de ratones y ratas han sido criadas deliberadamente para que “naturalmente” desarrollen condiciones muy similares a las de las enfermedades humanas, como cáncer o diabetes.¿Quieres curar la artritis? Primero debes crearla inyectando “adyuvante” (un material que causa inflamación) a una rata para que esta tenga artritis. ¿Quieres curar una terrible enfermedad parasitaria que afecta a los humanos? Primero debes infectar deliberadamente a ratones con ese parásito. En un laboratorio en el que trabajé, hacían esto al colocar a los ratones en tubos plásticos de prueba, con sus colas colgando del final del tubo, sumergida en agua repleta de parásitos hepáticos. Y así con todas las enfermedades y condiciones de salud… incluidos los traumas. Para estos últimos utilizan varios métodos para dañar el cerebro de las ratas (sedadas), incluyendo ondas expansivas al detonar cristales con láseres. (¡Ciencia!)

3.Los laboratorios tienen que mantenerse en secreto

Uno de los laboratorios con los que trabajé estaba ubicado en la parte trasera del edificio de psicología de la universidad y para entrar en él tenía que pasar por dos puertas sin identificación usando cerrojos con claves. Este era uno de varios laboratorios en el campus, y muchos de ellos no tenían identificación. Los animales llegaban a los laboratorios en camiones de mercadería estándares, en cajas opacas sin detalles y tapadas por un paño durante todo el camino hasta el laboratorio. Antes de mi tiempo ahí, un laboratorio tenía perros y los guardaba en el tercer piso, se dice que para minimizar el número de personas que podían oírlos ladrando; otro laboratorio en otra universidad tenía monos en un subterráneo, detrás de una puerta escondida y sin identificación, en una serie de túneles.

Así es como funciona en las universidades, y debes saber que hay laboratorios ahí para poder ser capaz de buscarlos. Me impresionó el descubrir que varios establecimientos en los que yo había estudiado, y en los que luego había trabajado, tenían enormes laboratorios con animales que nunca había visto o de los cuales nunca había escuchado cuando estuve ahí. ¿Por qué es así? Porque a muchas personas no les gusta lo que están haciendo, e intentarían ponerle un fin a ellos si pudieran.

Una vez, grupos por los derechos de los animales protestaron cerca de uno de mis laboratorios de animales, el problema fue que este respondió volviéndose incluso más paranoico que lo usual sobre los activistas y aumentó sus niveles de seguridad haciendo mucho más difícil para el público saber qué diablos sucedía adentro. Además las personas trabajando así dejaron de reportar los problemas con el bienestar animal, por miedo de que los consideraran “espías”.

4.Los técnicos de laboratorio son, a menudo, recién egresados

Nos reímos de cómo en las películas se muestran jóvenes y atractivos científicos en vez de profesionales mayores calificados para hacer investigación. Sin embargo, el personal real de un laboratorio puede ser así de joven e incluso más. Alguien con un Ph.D lidera el proyecto pero el laboratorio no es necesario que alguien tenga necesariamente un título más allá del otorgado al terminar la escuela, y pueden ser estudiantes de 18 años. A pesar de que no son incompetentes ni intencionalmente malvados, no tienen muchas habilidades o atención al detalle. Esto puede producir algunas investigaciones extremadamente erráticas.

Parte de esto se debe al juego del “teléfono” que se da en el laboratorio: El Ph.D a cargo sabe todas las técnicas y protocolos y las traspasa a su equipo. Pero en cada paso de la cadena (del líder del estudio al supervisor y luego al técnico) algo de información se pierde, causando que las personas que están al final de la cadena terminen con información incompleta o errónea. Y todos somos humanos, por lo cual errores horribles ocurren –es decir, muchos animales mueren o deben ser sacrificados–.

Un estudiante de uno de los laboratorios en los que trabajé tenía el trabajo de anestesiar a las chinchillas. No tenía mucha práctica de técnicas de inyecciones, así que lo hacía mal. Los animales terminaban con infecciones o parálisis cerca de los sitios de inyección –que eran en sus piernas–, y algunos tuvieron que ser sacrificados. Otro estudiante debía matar a seis gansos canadienses adultos para que el laboratorio pudiese utilizar sus globos oculares –estudiaban cómo veían los gansos para ayudarlos a evitar ser succionados por los motores de los aviones–. Se suponía que estos gansos fueran sacrificados químicamente, pero el estudiante no sabía esto y, por algún motivo, no se sintió capaz de preguntar, así que usó una guillotina para sacrificar al primer ganso y cuando no tuvo el resultado que uno esperaría…repitió el procedimiento con otro ganso antes de que alguien corrigiera el error. Y aquí “corregir el error” significa “hacer que el estudiante deje de cortar las cabezas de estas aves gigantes dejando un gran desastre”.

5.Te insensibilizas sorprendentemente rápido a su sufrimiento

Es posible que pienses que los técnicos de laboratorio tienen que ser fríos al nivel de Cruela de Vil para experimentar en mascotas pero el que lo sean hoy no significa que siempre fueron así. Cuando uno de los estudiantes en uno de mis laboratorios comenzó a hacer su investigación, tenía sólo tres pares de ratones. Los llamó Mickey y Minnie, Donald y Daisy, Benny y Joon. Pasó mucho tiempo en el laboratorio con ellos, preocupado cuando se enfermaban (lo que inevitablemente ocurría), e intentó enriquecer sus vidas llevándoles juguetes. Lloró cuando tuvo que sacrificar a uno. Pero pronto los ratones bajo su cuidado se elevaron de 6 a 80. En este punto ninguno de los ratones tenía nombre o juguetes. Los sacrificaba en tandas sin derramar una lágrima.

Al crecer el número de ratones bajo tu cuidado, es posible que ya no sientas dolor al criar y matar docenas de animales sobrantes por ningún motivo. Conocí a otro científico, un Ph.D, quien tenía una colonia activa de 500 ratones a pesar de que no estaba conduciendo ninguna investigación. Seguían reproduciéndose y los técnicos de laboratorio debían seguir sacrificando un par de docenas cada mes porque el investigador no tenía permitido tener más de 500 ratones. Pero él quería tener ratones disponibles siempre, solo por si acaso, y la colonia seguía produciendo bebés.

¿Qué hice yo?

Mi propia solución para esto fue intentar desde un principio no involucrarme emocionalmente con ninguno de los animales, dejando cualquier apoyo que sintiera por ellos para después de salir del laboratorio. Pero sí logré llevar a cabo una pequeña rebelión: llené el papeleo para rescatar (legítimamente) una rata sobrante que estaba completamente sana pero lista para ser sacrificada porque había sido “olvidada” por los investigadores y ahora era demasiado vieja para ser usada. La llevé a casa antes de que el papeleo fuera autorizado. La llame “Delito”.

Este artículo es mi segunda rebelión. Ya no soy empleado de un laboratorio y soy un sirviente leal al Rey Rata, libre de hacerle saber a las personas las cosas que suceden realmente. Es algo bastante importante y además, les prometí a las ratas que contaría su historia. Delito vivió el resto de sus días conmigo. Nunca fue particularmente apegada a las personas, pero ella disfrutaba de ignorarme y de despedazar pequeños tubos de cartón (del papel higiénico).

Utilizar y matar varias vidas para salvar una, no es moral.

Vía: Cracked