Sábado, 24 de Febrero del 2018
turismo


Una densa niebla tóxica cubre a China

Publicado el 23/10/13

Una espesa capa de contaminación cubre la ciudad china de Harbin, capital de la gélida provincia nororiental de Heilongjiang y famosa por su espectacular festival de hielo. La niebla provocada por la polución es tan espesa que la visibilidad ha quedado reducida a diez metros, obligando a cerrar el aeropuerto y dificultando el tráfico.

En algunos lugares de la ciudad, que tiene once millones de habitantes, los niveles de contaminación han alcanzado una concentración de 1.000 microgramos por metro cúbico de las temidas partículas PM 2,5, tan pequeñas que se cuelan en los pulmones y provocan serias enfermedades respiratorias y tumores. A tenor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un nivel superior a 50 es peligroso y a partir de 300 es especialmente dañino para el ser humano.

Para proteger a la población, las autoridades locales han ordenado el cierre de colegios y fábricas, provocando la primera alarma por contaminación de este invierno. En enero, Pekín sufrió durante casi todos los días del mes unos niveles de polución similares que pusieron de manifiesto los graves problemas medioambientales que ha traído el frenético, pero insostenible, desarrollismo chino.

Según la agencia estatal de noticias Xinhua, la contaminación se ha disparado en Harbin al encenderse las estufas de carbón con que funciona la calefacción de las casas. Un arcaico sistema de la época comunista muy extendido por el norte de China que ya está causando serios problemas de salud.

 Recientemente, un estudio publicado por el Congreso de la Academia Nacional de Ciencias reveló que la esperanza de vida en el norte de China es considerablemente más baja que en el sur debido a las partículas tóxicas que flotan en el aire por la quema de carbón para producir electricidad en las plantas térmicas y por dichas calderas de la calefacción. En los años 50, Mao dibujó una frontera imaginaria dentro de China que separaba al norte del sur a la altura del río Huai. Todo el territorio que quedaba por encima, con Pekín y el cinturón industrial de Manchuria a la cabeza, recibiría carbón gratis para calentar las casas y oficinas, una política que no se aplicó en el sur y que hace especialmente gélidos los húmedos inviernos de Shanghái.

Desde 1981 hasta 2000, científicos de China, Estados Unidos e Israel recopilaron los datos de 90 ciudades sobre la concentración de partículas suspendidas en el aire inferiores a 100 micras de diámetro y liberadas a la atmósfera por las centrales térmicas, las obras y las emisiones de los tubos de escape de los coches. Entre ellas destacan las peligrosas partículas inferiores a 2,5 micras de diámetro (PM 2.5).

 En el norte de China, la concentración era de 184 microgramos por metro cúbico, un 55 por ciento más alta que en el sur. Sin ninguna otra política gubernamental que diferenciara a ambas partes del país, más que la distribución del carbón para calentar el norte, los investigadores hallaron que los chinos del sur vivían cinco años y medio más que sus compatriotas por encima del río Huai. Además, las causas de muerte en el norte se debían a enfermedades ligadas con la calidad del aire, como cáncer de pulmón, dolencias respiratorias, infartos y problemas cardiovasculares.

 El estudio calcula que cada 100 microgramos por metro cúbico reducen la esperanza de vida hasta tres años y lo achaca a la notable diferencia en la concentración de partículas inferiores a 100 micras que hay entre el norte y el sur, que sufren similares niveles de polución por dióxido de azufre y óxido nitroso.

Los efectos del desarrollismo

Con los cielos de la industrializada costa china cubiertos por una permanente neblina que impide ver la luz del sol, el ya característico «smog» de Pekín, los efectos de la contaminación se han revelado este año más apocalípticos que nunca. Ante la alarma social generada en China, el Gobierno ha anunciado que invertirá más de 200.000 millones de euros durante los próximos cinco años para mejorar la calidad del aire.

 Según datos oficiales, el 27 por ciento de las 341 mayores urbes y 116 millones de personas padecen unos niveles de polución en el aire «muy peligrosos», al tiempo que el 70 por ciento de los ríos y lagos están seriamente degradados y 300 millones de habitantes no tienen agua potable. Además de causar la muerte de 400.000 personas al año por enfermedades pulmonares y cardiovasculares, la contaminación amenaza con hipotecar los gastos sanitarios en el futuro y colapsar el altísimo crecimiento del coloso oriental, puesto que los costes medioambientales ya representan el 10 por ciento del Producto Interior Bruto. Inmersa en la «Revolución Industrial» que le ha tocado vivir en pleno siglo XXI, China sigue pagando el alto precio de su desarrollo económico.