Lunes, 20 de Noviembre del 2017
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Antonioni, centenario de un maestro en la Filmoteca de la PUCP

Publicado el 05/06/12

En una cinematografía como la italiana, que cuenta con un puñado de grandes maestros, el lugar que ocupa Michelangelo Antonioni es particular y único. Lejos del esteticismo refinado de Luchino Visconti o del barroquismo visual de Federico Fellini, ajeno al neorrealismo populista de un Vittorio De Sica o a la visión totalizadora de un Roberto Rossellini, el cineasta de Ferrara es un gran creador de formas y climas. Guionista para Visconti o Fellini, su breve compromiso con el neorrelismo se limita a su época de documentalista. Con un debut relativamente tardío en el largometraje -cuando rueda Crónica de un amor (1950) tiene 38 años- encuentra rápidamente su camino de la mano del novelista Cesare Pavese (La señora sin camelias, 1953; Las amigas, 1955) y a partir de la trilogía conformada por La aventura (1960), La noche (1961) y El eclipse (1962) -completada con El desierto rojo (1964), su primera cinta en color- impone una nueva manera de contar historias y un nuevo tipo de personajes, directamente salidos de una Italia que deja las penurias de la posguerra para conocer la abundancia y la crisis. Son los burgueses frágiles, secretos e intelectuales a los que la prosperidad hace conocer la incomunicación, la soledad o la impotencia ante una vida que se deshumaniza. Monica Vitti, Jeanne Moreau, Marcello Mastroianni se convierten en portavoces del cineasta.

Reconocido por la crítica y premiado en los mayores festivales como ícono de la modernidad, la carrera de Antonioni se internacionaliza, y pasa a rodar en Gran Bretaña la cinta que obtiene mayor reconocimiento: Blow up (1966) y en Estados Unidos obras desconcertantes como Zabriskie point (1970) y la menos conocida El pasajero (1975), que no pocos consideran el máximo ejemplo de su credo artístico, pero que fue un fracaso de público. De retorno a Europa para rodar Identificación de una mujer (1982), sufre una hemiplejia que lo mantiene paralizado y sin habla durante años, y será solo con ayuda de Win Wenders que podrá realizar Más allá de las nubes (1995), un esfuerzo que solo podrá repetir un decenio más tarde con su episodio El hilo peligroso de las cosas en Eros (2005). Morirá dos años después, a los 95 años.

La retrospectiva que presenta la Filmoteca de la Universidad Católica y el Instituto Italiano de Cultura con motivo del centenario de este maestro del cine es un acontecimiento excepcional, puesto que se ha podido reunir todas las películas -documentales, cortos y largos- realizadas por Antonioni a lo largo de su carrera, proporcionando así a los cinéfilos la ocasión de seguir más de medio siglo de una de las trayectorias más apasionantes del cine italiano y mundial.

Para la segunda quincena de junio.

INFORMACION COMPLETA EN:

http://www.centroculturalpucp.com/seccion/filmoteca/filmoteca-pucp-octavo-aniversario/antonioni-centenario-de-un-maestro/page/3

Estudios sobre Antonioni

Michelangelo Antonioni es un cineasta esencial y de destino controvertido. Influyente como pocos en los años sesenta, es menospreciado y casi olvidado en la década de los ochenta, tiempos del reciclaje genérico, de las superficies brillantes, del montaje en el estilo clip, del cine del “look” con la potenciación de lo “falso” y el artificio en la escenografía, en los efectos visuales, en las falsas perspectivas, en las trampas sofisticadas del relato (Beineix, Besson, Carax, Raúl Ruiz, entre otros, mejores y peores)

Pero, luego, se convierte en faro y referencia desde fines de los noventa.

Antonioni está muy presente en el cine de Tsai Ming-Liang, Lucrecia Martel, Kiarostami, Tarr, Yang, Angelopoulos, Ackerman, Wenders, Denis, Hsiao-Hsien, entre muchos otros.

Es decir, en la mayoría de los cineastas del “cine de la lentitud”, según la apelación de Jonathan Romney, con su fetichismo por el registro de los espacios vacíos y de los tiempos dilatados sin aparente progresión dramática; por sus desencuadres; por el valor que le imprime al tiempo como materia dramática que fluye en moroso transcurrir; por sus maniáticas composiciones visuales de disposición geométrica; por sus interminables silencios expresivos; por su visión del cine como práctica vinculada a la de las artes plásticas contemporáneas; por su obsesión de encarnar la psicología de los personajes en sus gestos más banales; por su carácter de cronista del fin de una época y el inicio de otra; por su desafío al realismo a fuerza de registrar hasta el agotamiento las apariencias de la “realidad” perceptible; por su interés en indagar en las fronteras del documental y la ficción y atreverse a probar las nuevas tecnologías de la imagen y el sonido; por su capacidad para crear la correspondencia formal perfecta entre el hastío interior de los personajes y la impresión de uniforme vacuidad de los lugares que recorren; por su laconismo, convertido en marca de estilo, signo de su cine y efecto tantas veces imitado.

La Filmoteca de la Universidad Católica anuncia un ciclo de la obra completa de Antonioni para la segunda quincena de junio. Aquí, a modo de preparación para el ciclo, consigno un enlace a “Film Studies for Free” que agrupa un conjunto de importantes textos sobre su obra:
http://filmstudiesforfree.blogspot.com/2012/05/sculpting-real-michelangelo-antonioni.html

Ricardo Bedoya